Está prohibido usar las palabras que aparecen en esta lista. En esta relación de palabras podemos encontrar términos como “crimen” o “muerte”, por sus connotaciones funestas. Tampoco podemos emplear la palabra “dinosaurio”, porque podría herir la sensibilidad de los creyentes en el creacionismo. No, no estamos ironizando ni esto es el principio de una novela distópica de George Orwell.
Son las palabras, conceptos o frases ofensivas que el Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York ha dado a conocer a fin de que sean erradicados de los exámenes escolares estandarizados que se lleven a cabo en los colegios de la ciudad.
Halloween es una fiesta pagana; cumpleaños no sugiere un día feliz para los testigos de Jehová; los términos relacionados con riqueza pueden originar celos…. es decir, de nuevo, con el lenguaje, nos la debemos coger con papel de fumar.
Porque seguimos creyendo que el lenguaje modela mentes, empozoña almas, discrimina a colectivos, empuja a actos deleznables. Como si el lenguaje fuera algo así como un conjuro de Harry Potter. La idea que subyace a esta estrategia es que las palabras y las actitudes son tan inseparables que podrían predisponer las actitudes de las personas.
Y sí, un discurso persuasivo puede ser hechizante. Pero las palabras, por sí mismas, apenas tienen poder persuasor. Las palabras no modela una mente, es la mente la que modela palabras. Nuestro vocabulario es un reflejo de nuestra idiosincrasia: censurarlo no censurará ni un ápice de nuestra idiosincrasia.
Por eso no sirve de nada evitar las palabras: enseguida otros sinónimos se contaminarán de nuestras ideas, o inventaremos palabras nuevas que estén impregnadas de nuestras ideas. Es lo que los lingüistas conocen como la rueda del eufemismo, que explica así el psicólogo cognitivo Steven Pinker:
La gente inventa palabras nuevas para referentes con una carga emocional, pero el eufemismo se contamina pronto por asociación, y hay que encontrar otra palabra, que enseguida adquiere sus propias connotaciones, y así sucesivamente. Así ha ocurrido en inglés con las palabras para denominar los cuartos de aseo: water closet se convierte en toilet (que originariamente se refería a cualquier tipo de aseo corporal), que pasa a bathroom, que se convierte en restroom, que pasa a lavatory.
Las palabras no son las que modelan la mente de las personas, sino los conceptos. Podemos bautizar un mismo concepto con diferentes nombres, pero el concepto permanece, y acabará invadiendo al nuevo nombre.
Luego está el tema de ofender las creencias irracionales de la gente, que aún tiene más tela. Si términos como “evolución” o “dinosaurio” ofende a una persona en su creencia en el creacionismo, el problema es el del creacionista: esgrimir creencias estúpidas trae aparejado algunos efectos colaterales. Como que los conocimientos científicos te ofendan. Como que la gente te critique por intentar adoctrinar a escolares a través de libros medievales que se contradicen con los hechos empíricos. O sencillamente, que parezcas tonto. En ese caso, la mayor ofensa a un creyente en cosas de este tipo es precisamente llevarle la corriente. Si vemos a un tipo con sombrero y mano en el pecho asegurar que él es Napoleón, será más irrespetuoso callarnos que intentar ayudarle.
Naturalmente, esto ocurre en toda clase de personas: también entre científicos ateos frente a argumentos de creyentes. Aunque, en este caso, el hecho no es tan flagrante porque los científicos acostumbran a aducir pruebas (o se limitan a negar que no creen, y la carga de la prueba está en el que afirma, no en el que niega). Y raramente veremos que un científico se siente ofendido en sus creencias si un creyente critica sus ideas científicas: sólo es buen científico precisamente el que anhela encontrar errores en sus ideas a fin de armar ideas mejores. En el caso del creyente, incluso se aplaude la inmovilidad de las ideas aunque todo apunte a que están equivocados.
(En ese sentido, resulta curioso lo de tener que respetar las creencias ajenas: si se respetaran todas las creencias, también debería respetarse el no respetar determinadas creencias. O incluso deberíamos respetar ideas como el nazismo, la esclavitud o la pederastia. Las ideas no merecen respeto, sino las personas; y las personas no deberían ser sus ideas, sino difícilmente progresarían y aprenderían de los errores de las mismas).
Pero bueno. Si hay gente que considera que debemos proteger a determinadas personas en etornos profilácticos donde se le tenga vedado el paso a términos como “dinosaurio”, tampoco creo que ninguna de esas personas lea este artículo (o le sirva de algo más que para sentirse profundamente ofendidos). Así que dejo de gastarme la yema de los dedos.
La lista por completa, para los curiosos, a continuación:
Abuso
Alcohol, tabaco y drogas
Cumpleaños
Funciones corporales
Cáncer y otras enfermedades
Catástrofes (tsunamis, terremotos…)
Famosos
Niños que se ocupan de cosas importantes
Cigarrillos
Ordenadores en casa
Crimen
Muerte
Dinosaurio
Divorcio
Evolución
Regalos caros, vacaciones, premios
Juegos de azar
Halloween
Sin hogar
Casa con piscina
Caza
Comida basura
Discusiones sobre deporte
Pérdida de empleo
Armas nucleares
Ciencias ocultas
Parapsicología
Política
Pornografía
Pobreza
Música rap
Religión
Celebraciones religiosas
Rock
Irse de casa
Sexo
Esclavitud
Terrorismo
Vídeojuegos
Material que pueda dañar sentimientos, como las perreras
Plagas (de ratas, cucarachas…)
Violencia
Guerra y derramamiento de sangre
Armas
Hechicería
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