Países literarios surgidos de la ficción (I)

Publicado: 17 junio 2009 en Libros

Tras la intensa lectura Breve guía de lugares imaginarios, no me resisto a mencionaros dos de los lugares que más han llamado mi atención, por ser precisamente lugares donde la literatura tiene una importancia capital, forma parte del estilo de vida de sus ciudadanos, incluso adquiriendo connotaciones místicas.

El primero es Afania y aparece en un cuento de hadas para niños y adultos del inglés Tom Hood del año 1870 Petsetillas´s Posy. Un reino situado en Europa Central que debe su fama a sus muchas campanas y campanarios.

Pero lo más interesante de Afania en su relación con la literatura. Por ejemplo, tal y como ocurre de algún modo en la saga de novelas fantásticas protagonizadas por Thursday Next de Jasper Fforde, Afania cuenta con un código especial para los delitos literarios y con un Tribunal de las Letras presidido por seis jueces que reciben suculentos salarios para compensar su obligada abstención de la literatura. Porque en Afania todo el mundo lee. Y leer es la actividad a la que más tiempo se le dedica.

Algunos curiosos castigos contra delitos literarios son, por ejemplo, el de obligar al delincuente a empujar la rueda de un molino durante tres años. Este castigo tan duro se impone a quienes hayan plagiado algún texto y deja a la SGAE como una Congregación de Hermanitas de la Caridad. Por poco, eso sí.

En Afania, las adaptaciones del francés se consideran contrabando y los errores de sintaxis se castigan con la pena capital. Así pues, recomiendo que no se pase por Afania ningún adicto a los SMS o a escribir “hola” sin “h”.

Afania también tiene especial cuidado de los adjetivos (esto va para quienes les gusta abusar de ellos). Para preservar la pureza del estilo literario, los adjetivos se conservan en la Biblioteca Nacional, y los autores no pueden emplear más de una cierta cantidad al día, con el permiso especial de, al menos, tres de los Jueces de Letras.

Y Afania también tiene un sistema editorial muy diferente al nuestro. Bueno, en realidad es un sistema diametralmente opuesto al nuestro. Allí las editoriales, por cada libro editado, sólo ingresan el coste del papel, la encuadernación, etc., más un pequeñísimo porcentaje de beneficios que nunca supera el 5 %. Los escritores, sin embargo, reciben todo el beneficio que genere la obra, pues son ellos los que han añadido las manchas al papel que hacen que ese libro sea especial; las editoriales, por el contrario, sólo las han encuadernado, y eso es algo común en todos los libros y no tiene mayor mérito.

No sé a vosotros, pero a mí me gustaría que existiera un lugar tan interesante como Afania; y no sólo por la cuenta que me trae.

Mañana os hablaré de otro lugar literario todavía más sugerente.

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