No digas ni mu (sin ánimo de ofender a los mudos) (1 de 2)

Publicado: 12 septiembre 2009 en e-lucubraciones

El otro día mantuve un debate. No era un debate estricto, sólo un intercambio amistoso de ideas. O al menos es lo que se intentaba. Se discutía sobre la responsabilidad de los autores y las editoriales a la hora de escribir y publicar novelas que traten temas políticamente incorrectos o directamente ofensivos.

Mi contertulio me dijo que las novelas, aunque sean de ficción, dan ideas, transmiten tendencias. Por supuesto. Como absolutamente todas las cosas del mundo. Tratar de limar todas las aristas del mundo es un trabajo agotador y estéril: siempre habrá más aristas que limas. Y quién controla al que vende las limas y las normas sobre sus usos. Controlar la realidad para que no nos haga daño tiene ese riesgo: que el que controla la realidad nos haga daño subrepticiamente.

Además, ¿podemos determinar que una idea es netamente nociva? ¿Y si existe una mínima posibilidad de que sea cierta y el prejuicio y el miedo provocan que jamás salga a la luz? La mayoría de los grandes avances de la ciencia y el pensamiento se han basado precisamente en esa destrucción de dogmas o parámetros que se creían indubitables.

Mi contertulio también afirmó que hoy en día no existen apenas actos de censura hacia libros de ficción. No estoy de acuerdo: basta con ir unos años atrás, cuando la publicación de la novela de Hernán Migoya Todas Putas tuvo que ser retirado de muchas librerías porque los personajes (repito, los personajes) de la novela hacían apología a la violación o a la violencia de género.

Enseguida mucha gente pensó que Migoya también era un apologeta de la violación y la violencia de género. Pero Migoya, tras superar el trauma, trató de tomárselo con humor, humor combativo, y publicó una segunda parte hace un tiempo reseñamos aquí: Putas es poco.

También recuerdo que hace unos meses, en un debate radiofónico, la omnipresente polemista Pilar Rahola cuestionaba la moralidad de publicar obras como Lolita de Nabokov. Irónicamente, Lolita ya estuvo prohibida en su día. Como también obras de Mark Twain.

Por si fuera poco, esta hipersensiblidad es más acusada en el medio catódico. Los libros no dejan de ser cosas que sólo consumen una minoría de la gente. Pero la televisión es masiva y tentacular, así que imaginaos cuánta gente puede sentirse ofendidad o agredida por ella.

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