‘Aduya’ aparece en Fabricantes de Sueños 2008

Publicado: 18 octubre 2009 en Egolandia

FS2008Publicado en el curso del 2007 en la antología de cuentos Mensajes Perdidos, Aduya aparece seleccionado en la antología Fabricantes de sueños 2008, editada por la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción, que viene a recoger lo más sembrado del año.

Os dejo con la presentación que tuve que escribir para el cuento, así como la presentación de Claudio Landete (mi editor) y Juanma Santiago (uno de los seleccionadores de Fabricantes de sueños):

Envié Aduya a Claudio Landete a propósito de la convocatoria de los “Premios Andrómeda 2006 de Ficción Especulativa” dedicados al lenguaje y la comunicación. Poco después, recibí la noticia de que Aduya había quedado finalista en dicho certamen. Como Claudio (y como muchos otros escritores o artistas en general), yo también empleo un sistema de clasificación que facilita mi trabajo creativo. En mi caso, el archivo contiene documentación sobre asuntos que me parecen importantes y que nunca me gustaría olvidar; una extensa documentación dividida en 40 temas que atesoro también por simple afán coleccionista. Podría decirse que ese archivo de datos relevantes es mi brújula a la hora de abordar una narración. De algún modo, el archivo es un aparato inspirador. Pero ¿de dónde surgen realmente las ideas creativas? Según la teoría más aceptada, una idea original no es más que una recombinación de ideas preestablecidas. El plagio tangencial, pues, sería la única forma de generar material nuevo. Dicho de otro modo: una mayor flexibilidad en los derechos de autor redundaría positivamente en todas las manifestaciones artísticas, contra la visión hermética de la mayoría de entidades de gestión. La intención de Aduya es retorcer esta idea hasta sus últimas consecuencias, especulando sobre la posibilidad de que quizá todos los libros que leemos estén escritos por las mismas manos. Como si todos nosotros tuviéramos un archivo de 40 temas idéntico al que guardo en mi biblioteca.

Se decía de Aristóteles Onasis, el famoso armador griego, que le gustaba llevar una pequeña agenda siempre consigo donde apuntaba la primera impresión que le causaba cada persona recién conocida y el tiempo estimado que debería dedicarle la próxima vez que se encontrase con ella. Inspirado por esa idea, adapté un sistema de clasificación para aplicar al ámbito literario cuando llegase a mis manos un original de un autor del que no tuviese otras referencias. En realidad es una suerte de esperanza y deseo: ¿cuál es la posibilidad  de que en un futuro los siguientes textos de este autor me sorprendan gratamente, teniendo en cuenta lo que he leído hasta el momento? También aplico este criterio en los concursos que convoco. El contacto inicial con Sergio Parra fue Bitis tm. Lo que aconteció después es bien conocido: ganó sin discusión el Premio Andrómeda del año 2005 en la categoría de novela. No es de dominio público que en su ficha de concursante quedó reflejada la impresión inicial que me causó. Cuando al cabo de un año Sergio me remitió Aduya, sin leer una sola de sus páginas, casi intuía lo que me iba a encontrar: planteamientos interesantes, ideas sugerentes, perspectivas inauditas. ¿Cómo lo sabía? Muy sencillo, en su ficha del año anterior había puesto dos iniciales: F. P. La máxima valoración. Dicho de otro modo: Sergio Parra, según mi criterio, es una Figura de Prestigio.

Lo peor de leer ‘Aduya’ en momentos vitales como los que atravieso, próximos a una mudanza masiva de más de dos mil libros, es que me viene a la memoria la máquina CopyCatch que aparece en este relato, con las consecuencias que podréis descubrir a continuación. Lo mejor es todo lo demás. Hace ya tiempo que echo de menos historias fantásticas españolas como ésta: socarronas, eruditas, capaces de no tomarse en serio, sugerentes y llenas de guiños por parte del autor (el nombre de la tribu africana…). En tiempos teníamos un valor seguro en este tipo de relatos: Lorenzo Luengo, casi un fijo en Fabricantes de sueños. Ahora, además, tenemos a Sergio Parra. De Sergio siempre recordaré su novela ‘Jitanjáfora’ (AJEC, 2006), en la que hacía algo parecido al juego que practica en ‘Aduya’, aunque en una extensión mucho mayor, y no sólo con la lingüística sino con un catálogo casi inagotable de ciencias y saberes humanos (¿tal vez cuarenta?). El asunto es entrar en el juego que nos propone el autor, dejarse llevar, pero cuestionando todas y cada una de sus decisiones como narrador, y, una vez hecho esto, entablar un doble diálogo: autor-lector y personaje-lector. El relato ganará en matices, como sucede siempre que se relee un relato o una novela de Sergio Parra. Y, mucho más importante, descubriremos que no sólo podeos entender el lenguaje de los Arrapoigres del relato, onis euq, sámeda, somedop olribircse y olreel.

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