Nellie Bly, la mujer que superó el récord de un personaje de Julio Verne

Publicado: 9 diciembre 2009 en Libros

Nacida como Elizabeth Jane Cochran el 5 de mayo de 1864, recibió el sobrenombre de “Rosa” cuando era muy pequeña, por el color de su vestido de bautizo.

Con 18 años, tras leer un artículo misógino titulado “Par qué sirven las mujeres” en el Pittsburg Dispatch, envió una incendiaria carta de protesta, que impresionó tanto al director que le ofreció un trabajo. Durante ese tiempo, las mujeres escribían bajo seudónimos, por lo que Elizabeth adoptó el seudónimo Nellie Bly, en honor al personaje de la canción del mismo nombre, de Stephen Foster.

Nellie Bly era guapa, decidida, valiente y feminista.

Nellie Bly también fue la pionera del periodismo de investigación. Arriesgó la vida haciéndose internar en una institución mental durante diez días para poder escribir sobre ella, gracias a lo cual cambió totalmente la forma en la que se tratan a los enfermos mentales en Estados Unidos.

Sólo con estas credenciales, el nombre de Nellie Bly ya debería ser escrito con helvéticas en cualquier diario nacional al menos una vez al año.

Pero Nellie Bly hizo mucho más. Tanto hizo que incluso superó a un personaje literario. Pero tampoco eso bastó, y hoy en día recordamos más al personaje de ficción que a la mujer real.

Solemos invertir mucho tiempo en las aventuras de mentira, plasmadas en novelas o películas, olvidándonos de gestas que superan la propia imaginación del ser humano. Todos sabemos quién es Phileas Fogg y que dio la vuelta al mundo en 80 días de la mano de Julio Verne. Pero este viaje es exclusivamente literario. ¿Cuántos conocen el viaje real de una mujer que hacia las mismas fechas batió el récord de Fogg? Nellie Bly, en 1889, consiguió por primera vez dar la vuelta al mundo en 72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos.

El 14 de noviembre de 1889 partió del muelle de Hoboken en un barco camino de Europa. Pasó siete días en el barco que la transportó hasta Londres, tomó un tren a París, un tren a Italia, un bus a través del continente para luego abordar un barco de vapor dirigido hacia el Canal de Suez y Egipto. Luego Bly se dirigiría a Singapur, después a Honk Kong, donde abordaría un barco hacia San Francisco, donde un tren la llevaría finalmente a Nueva Jersey. Durante su periplo, incluso se permitió una pequeña pausa en París para entrevistar al mismísimo Verne.

Bly superó por más de una semana un record ficticio, y escribió un cuaderno de viaje sobre la experiencia titulado Vuelta al mundo en 72 días. Un cuaderno que ni siquiera ha sido traducido al español, cuando cada año se reeditan las obras de Verne en un mercado dominado por el mínimo común denominador del paladar colectivo. Así pues, la mayoría de los españoles, los que dominan el inglés como Caballo Loco en Murieron con las botas puestas, nos quedaremos sin saber todo lo que Bly vivió en su viaje, lo mucho que la vida le metió en las alforjas.

¿Qué más hubiera tenido que hacer Nellie Bly para ser recordada al menos tanto como su homónimo masculino (y ficticio) Phileas Fogg? ¿Recorrer 20.000 leguas de viaje submarino y escribir otro libro sobre su hazaña? ¿Disfrazarse de hombre? ¿Curtir su voz bebiendo ginebra a morro?

Probablemente, cualquier esfuerzo hubiera sido también condenado al olvido, y el mundo seguiría pensando que el único hombre que dio la vuelta al globo en aquella época fue un hombre, un hombre de mentira imaginado por otro hombre. Porque así es el paso de las mujeres por el mundo, aunque sus pisadas sean gigantes: apenas percibidas, menos sonoras que los pasos de un personaje imaginario, levísimas; tanto que en la escala Ritcher del mérito, seguramente sólo sería un vaso de plástico cayendo sobre la alfombra. Afortunadamente, hay oídos entrenados para captar esas pisadas, por muy silenciadas que estén. Porque hay silencios que pueden ser muy ruidosos, inspiradores, iluminadores a la manera del satori del budismo zen o la epifanía de los escritores.

Por ello, a pesar de todo, Bly murió en 1922 pero aún es recordada por muchos estadounidenses: le compusieron una canción (todavía en el repertorio de todos los coros de música popular norteamericana), un juego de mesa, películas, y constituye un ejemplo para las mujeres, y también una prueba viviente de que la realidad puede ser más apasionante que cualquier fantasía.

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