#13 ‘Superficiales: ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?’ de Nicholas Carr

Publicado: 29 abril 2011 en Libros

Seré sincero: lo que pensé cuando supe del lanzamiento de este libro fue algo así como “vaya, otro opúsculo alarmista y ludita sobre los riesgos de la tecnología; otro intelectual apolillado defendiendo su forma de obtener conocimientos, superior y más romántica, sobre cualquier otra que se haya forjado después de su nacimiento; otro autor que se atreve a decir que las nuevas generaciones son menos instruidas cuando diversos estudios demuestran lo contrario; otro defensor de lo clásico simplemente por clásico; otro ignorante de cómo funciona Internet, que no sabe que Wikipedia adolece de menos fallos que la Enciclopedia Británica“.

Sin embargo, a las pocas páginas de Superficiales, tuve que tragarme mis prejuicios. Y al terminar la obra de Nicholas Carr, admití que había cambiado de opinión: Internet nos está volviendo imbéciles (aunque esto lo matizaré más adelante).

Y Carr no ha usado devaneos románticos o miedos de perder el statuo quo para armar su idea, ni siquiera da lugar para opiniones personales: se limita a presentar las decenas de investigaciones científicas que se han hecho al respecto en el campo de las neurociencias o la historia.

Por si fuera poco, la prosa de Carr es increíblemente precisa, capaz de mezclar temas de la forma más amena, introduciéndote poco a poco por los vericuetos de su tesis, haciendo hablar tanto a filósofos muertos como a expertos actuales en neurociencias o psicología cognitiva. Salvando las distancias, esta capacidad de hilvanar temas y presentarlos de forma atractiva, con diversas capas de lectura, sólo la poseen autores como Malcolm Gladwell o Bill Bryson.

El único punto negativo, si hemos de destacar alguno, es que el libro de Carr, en el fondo, presenta una idea bastante fácil de desarrollar. Pero Carr ha usado más de 300 páginas en hacerlo. Ello se debe no sólo a que Carr habla de muchas cosas, además del tema central, jalonando el texto de curiosidades históricas o sociológicas realmente interesantes, sino porque en ocasiones repite machaconamente la misma tesis.

Carr consiguió convencerme en el primer tercio del libro. El resto sólo fue una acumulación de más y más experimentos.

Pero ¿realmente Internet nos hace más tontos? ¿Acaso no es otra herramienta de distribución de conocimiento, como lo es el libro?

Internet es una herramienta distinta a cualquier otra. Lo que sucede es que Internet presenta la información de una forma que nunca antes se había conocido: mediante hipervínculos, imágenes, comentarios, anuncios, etc. Ello provoca que nuestra atención se vea continuamente fragmentada. La lectura profunda que requiere determinados temas es muy difícil de llevar a cabo en Internet. Podemos acceder a toneladas de conocimiento digitalizado, pero cada vez resulta más difícil profundizar en él. Google no tardará en digitalizar todos los libros del mundo, pero ello más bien podría ser la forma perfecta para que la gente no los lea como deberían leerse.

Para refrendar esto, Carr presenta interesantes experimentos sobre comprensión lectora realizados a lectores de papel y lectores de blogs.

Por supuesto, no todo es negativo: Internet nos vuelve más superficiales y mengua algunos rasgos de nuestra inteligencia, pero por contrapartida sobrealimenta otros. Es un poco la tesis que mantenía Steven Johnson en su brillante Si és dolent t´ho recomano (libro que Carr refiere en uno de sus capítulos, pero de forma un tanto tramposa: acusa a Johnson de defender las nuevas tecnologías e Internet porque desarrollan parcelas de nuestra inteligencia cuando afecta negativamente a otras, pero Johnson siempre sostuvo que él no abogaba por la supresión de la lectura, por ejemplo, sino por la no criminalización de la televisión: cuando ambos medios se consumen adecuadamente producen mentes mejor ordenadas).

Lo que sucederá en nuestra sociedad después de la implantación masiva de dispositivos con conexión a Internet forma parte de la ciencia ficción. Pero si Carr anda en lo cierto (y yo creo que así es), entonces es posible que este siglo se vea mancillado por unas generaciones de mentes hueras e insustanciales, adictas a lo inmediato, reacias a la pesarosa reflexión e incapaces de leer nada que supere las 10 páginas y que no sea presentado en forma de hipertexto.

Me pregunto cómo, al ser menos avispados, nos daremos cuenta de que somos menos avispados.

Sitio Oficial | Ficha en Taurus

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comentarios
  1. Culo dice:

    Y lo peor de todo sería que lo pensarías con esas palabrejas en realidad

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