#13 ‘El triunfo de las ciudades’ de Edward Glaeser

Publicado: 20 marzo 2012 en Libros

A veces no somos conscientes de lo importante que es una ciudad. Demasiado a la ligera, solemos condenar a la ciudad como un apiñamiento apestoso de gente, de aire tóxico y cláxones sonando por doquier como bebés reclamando su dieta láctea.Solemos escapar corriendo al campo en cuanto tenemos la oportunidad. Maldecimos cuando nos sablean unos euros por aparcar unos míseros minutos en una plaza del centro.

Sin embargo, sin ciudades no existirían teatros, ni museos, ni salas de exposiciones, ni bibliotecas bien surtidas. El hecho de que todos estos recintos, a pesar de su tamaño y condiciones, sean viables es porque alrededor de ellos vive muchísima gente. Si todos habitáramos en enormes parajes con casas unifamiliares, los recintos nos quedarían lejos para usarlos habitualmente. Y si los usáramos, gastaríamos ingentes cantidades de combustible fósil para llegar hasta ellos.

Las ciudades también permiten que confiemos más los unos en los otros, aunque no nos conozcamos de nada. En el campo puedes confiar en los vecinos próximos, incluso en los habitantes de los pueblos próximos, si me apuráis, pero en el campo es donde se usa más frecuentemente el término “forastero”. Es decir, el 99,9 % de la gente del mundo que se acerca a nuestra casa solitaria. En las ciudades, sin embargo, no existen los forasteros. Y de existir, confiamos en sus buenas intenciones so pena de que la ley caiga sobre ellos (o las miradas de los demás ciudadanos que viven a nuestro alrededor, encima, debajo, junto a nosotros.)

Extrapolando al mercado, una ciudad es, respecto al campo o el entorno rural, un producto sellado, con garantía, bajo legislación, con etiqueta de ingredientes y teléfono de reclamación al consumidor. La ciudad es como un tubo de pasta de dientes que compramos en un supermercado: nunca comprobaríamos si realmente hay pasta de dientes o simple agua; la tienda que vendiera productos falsos enseguida estaría en el punto de mira de todos, y la competencia feroz la excluiría de la ciudad. En el campo, sin embargo, debemos mirar una y otra vez si nos están colando gato por liebre.

 

El mito del buen salvaje es un mito, la gente es más inmoral en el campo que en las ciudades, hay más violencia porcentual en el campo que las ciudades, hay más contaminación de promedio en el campo que en las ciudades, hay menos salud y felicidad en el campo que en las ciudades.

Éstas y otras muchas ideas contraintuitivas son las que se desarrollan magistralmente, con quintales de datos, en El triunfo de las ciudades. Su autor es Edward Glaeser, economista en Harvard y un experto en urbanismo. Los argumentos son muy sólidos, asombrosamente sólidos, similares a los esgrimidos como otros académicos como Matt Ridley, Steven Johnson o Joseph Heat. No sé si os convencerán todos, pero sin duda os permitirán contemplar con cierta suspicacia algunas de las ideas contraculturales que suelen gestarse en Woodstock y sitios parecidos.

Además, el libro puede funcionar como una guía de viajes diferente, pues se fija en aspectos de las ciudades (sobre todo Nueva York) que seguramente os pasarán desapercibidos cuando viajáis.

En definitiva, Glaeser es un erudito, escribe de una forma absorbente y entretenidísima, y cada página consigue sorprenderte con ideas en las que nunca habías pensado o con datos que os harán fruncir el ceño. Hasta que no os leáis el libro de Glaeser, no estáis legitimados para volver a criticar la vida en la ciudad.

Editorial Taurus
Colección Taurus Pensamiento
Páginas: 496
ISBN:9788430608096

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