#45 ‘Los nuevos inquilinos. Ensayos para un mundo pendiente’ de VVAA (Premio Ariel mejores blogueros jóvenes de ensayo)

Publicado: 2 octubre 2012 en Libros

En su primera edición, el Premio Ariel mejores blogueros jóvenes de ensayo, se ha constituido con un jurado de excepción, queriendo reconocer el trabajo intelectual de siete pensadores del ámbito 2.0 (un ámbito aún con poco reconocimiento desde el 1.0) que, además, tuvieran menos de 35 años(un límite de edad que tampoco goza de demasiado reconocimiento en el mundo intelectual en general). Y, por si fuera poco, la editorial Ariel ha decidido publicar en un libro pequeños ensayos escritos ex profeso por los ganadores del premio.

Es decir, después de este triple salto mortal editorial, debemos quitarnos, todos, el sombrero frente a Los nuevos inquilinos.

El jurado, compuesto por Ignacio Echevarría, Álvaro Pombo, Gonzalo Torné, Imma Turbau y Francisco Martínez, acordó conceder la oportunidad de dar el paso del mundo 2.0 al formato libro-que-se-vende-en-librerías-físicas-y-cuenta-con-cierto-marchamo-ensayístico a siete jóvenes: César Losada, Rebeca Pardo, Pablo Simón, Alberto Santamaría. Roberto Enríquez, Álvaro Arbonés y Ferran Caballero. Todos ellos, más o menos conocidos, en el mundo los blogs, y casi ninguno con una presencia destacable fuera de éste.

Hasta aquí, todo son alabanzas.

Sin embargo, como toda antología, hay bruscos altibajos en la calidad de los textos publicados. Y, además, hay otro inconveniente que desluce el resultado final: nos encontramos con un cuello de botella cultural nada desdeñable: si bien los autores galardonados proceden del mundo heterodoxo de los unos y ceros, el jurado, no. Ignoro si la selección hubiera sido diferente si procediera de un jurado compuesto también por personajes relevantes de la blogosfera. Pero me cuesta creer que todos los ganadores hubiesen estado cortados por un patrón tan similar.

De modo que si estáis esperando a leer blogueros de pura cepa, quizá os llevéis una decepción: son blogueros escogidos por personas que no se caracterizan por poseer especial conocimiento de la blogosfera (que no significa que no lo tengan) o, en cualquier caso, personas que han escogido textos no por su impacto en la blogosfera sino por las posibilidades de encajar dentro del mundo 1.0. Es decir, que no esperéis leer algo tan, tan diferente a lo que pueda publicar un autor de menos de cuarenta años en una editorial que vende libros físicos.

La otra razón por la cual Los nuevos inquilinos puede resultar un poco indigesto para el lector que busque ideas frescas o, al menos, escasamente manidas, es que todos los ganadores de este premio pertenecen al mundo de las humanidades: filósofos, expertos en arte, en política, en fotografía, etc. Pero ningún biólogo, físico, genetista o neurocientífico. Ni siquiera algún psicólogo cognitivo. Nada, un páramo, un ocultación completa de los intelectuales jóvenes y blogueros que han decidido estudiar ciencias y no letras. Ni siquiera los filósofos seleccionados se caracterizan por un conocimiento profundo o, al menos, positivo sobre ciencias.

Los nuevos inquilinos aspira a radiografiar la sociedad en la que vivimos, pero hacerlo sencillamente desde una parte del conocimiento humano menoscaba las loables intenciones del libro.

En cualquier caso, salvo dos ensayos, que analizaré en un aparte, el resto de seleccionados se leen con gusto y demuestran que entre la gente joven, tan menospreciada en estos tiempos, hay mentes con cierta actividad raquídea.

Rebeca Pardo trenza una simpática reflexión sobre la imagen, la fotografía y la generación digital, trufando el texto con instantáneas de su Facebook. Pablo Simón lanza una lúcida crítica política a la situación general de España en general, y a la juventud en particular. Alberto Santamaría nos cuenta un relato de la evolución de la estética, en concreto de lo repugnante, a lo largo de la historia. Roberto Enríquez nos detalla los programas de televisión que uno puede consumir desde que se levanta hasta que se acuesta, demostrando una erudición catódica divertidísima, con frases como la siguiente refiriéndose a Hombres, mujeres y viceversa: “contribuyendo a que muchachos de barrio con aspecto clembuterólico encuentren a la mujer de su vida y descubran que la belleza está en el interior, justo ahí, debajo de un apretadísimo modelito de lycra, bajo los tensos bultos que modelan las prótesis de silicona y más allá del arco iris: precisamente ese tono medio que queda entre mecha y mecha rubia.” Y Ferran Caballero nos ilustra a propósito de la crisis económica, política y de valores de nuestra sociedad.

Hasta aquí, Los nuevos inquilinos se conduce por cauces escasamente polémicos: los autores no arriesgan, ni tampoco pretenden pontificar. Sin embargo, hay dos textos en particular que arriesgan. Solo por ello merecen mi respeto: si un texto no suscita críticas enconadas de ninguna parte, es que en él no prosperan más que los lugares comunes. El problema, a mi juicio, es que ambos textos un lenguaje poco pedagógico (por pedante e intrincado: la forma no permite entender bien el fondo) y, sobre todo, de un aire posmodernista intelectualmente muy pernicioso (entendiendo por pernicioso que un “todo vale” en materia de conocimiento origina una destrucción del conocimiento acumulado).

Los textos pertenecen Álvaro Arbonés y a César Losada.

Losada recuerda a Eloy Fernández Porta en su manera de mezclar cultura popular y alta cultura con un lenguaje complicadísimo jalonado de neologismos. Es decir, un 10 en estética. Sin embargo, la estética es más bien un lastre cuando tratamos de analizar un problema empleando la lógica: lo pomposo, lo crítico y lo innecesariamente complejo en la forma puede confundir al lector, que tal vez no acabe de entender lo que se está defendiendo o la vacuidad de los argumentos esgrimidos. Una tendencia muy de moda entre los intelectuales de humanidades, que adoran a Deleuze, Derrida y demás, y que asocian complejidad formal con profundidad en las ideas. Cuando más bien debería ser lo contrario.

Sin embargo, el texto de Arbonés, si bien en la forma es un poco más accesible, en el fondo resulta menos sustancioso y contiene un buen número de contradicciones y argumentos poco consistentes. De hecho, para ser justos con esta crítica tan negativa a Arbonés, debería poner algunos ejemplos y profundizar en ellos. Así pues, le dedicaré un análisis más completo en otra entrada.

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