#14 ‘Tópicos de España’ de Fernando Garcés y Jordi Vicente

Publicado: 8 mayo 2013 en Libros

Después de leer la excelente Historia del mundo con los trozos más codiciados, que hace poco reseñamos por aquí, tenía que leerme el próximo libro de Fernando Garcés, un profesor en IdEC, Escuela Elisava y Universitat Pompeu Fabra, que imparte cursos sobre la aplicación al branding de la historia, la mitología y la PNL.

La forma en la que Garcés codifica el mundo (proponiendo que lo que nos rodea posee una marca, y dicha marca ejerce efectos psicoemocionales en el consumidor, ya sea éste consumidor de Coca-Cola o Pepsi o de la marca España) resulta refrescante, y además permite abordar temas mil veces transitados por otros analistas desde un punto de vista diferente, acaso para que el árbol no nos impida ver el bosque.

Así pues, lo que ha intentado Fernando Garcés en este Tópicos de España, de la mano del escritor Jordi Vicente, es nada menos que bucear en las diferentes marcas históricas, nacionales, sentimentales de la piel de toro, esto es, alumbrar las razones que han provocado que a los catalanes se les marque como peseteros o a los andaluces como vagos y juerguistas o a los madrileños como chuletas. Y por el camino, quizá descubriremos que esos tópicos son profundamente injustificados, tanto o más que Lepe sea el pueblo donde viven los más tontos de España.

En definitiva, estamos frente a un libro que permite ahondar en nuestras raíces históricas, así como desdramatizar un poco acerca del sentimiento nacional (después de todo, un tópico sólo es un atajo mental, una inducción totalmente imperfecta que se emplea como precaria brújula vital, y generalmente nada de verdad alberga). No obstante, la lectura también está especialmente recomendada para los que se escandalizan cuando un trozo de trapo pintado que representa su nación (o su conjunto de tópicos tamizado) arde de lo lindo en la pira pública: dicen que los símbolos son importantes y que, por tanto, quemar banderas es como quemar un símbolo, un sentimiento, una adhesión.

Pero una bandera sólo representa un tópico, y por tanto su valor es relativo, al menos tanto como el hecho de que se use a Mickey Mouse (un animal que ha matado a millones de personas y es fuente de agentes patógenos sin nombre) como un símbolo identificativos de una fábrica de melifluos mensajes para niños. Es decir, que todo depende. Depende del tópico al que nos acojamos. Y, en consecuencia, quemar tópicos no es más que quemar ideas imperfectas que siempre pueden, y deben, mejorarse (lo que implica crítica, destrucción y reconstrucción, cual ave Fénix). Podéis leer más acerca de esta opinión en mi artículo Pitando, quemando, quejándose y pisando callos.

Y así, volviendo al libro, descubriremos cómo nos veía Voltaire en 1766, por ejemplo: “España es un país del que sabemos tan poco de las regiones más salvajes de África. Pero no vale la pena conocerlo.” Una opinión bastante extendida entre los intelectuales de la época, y me atrevería a decir que es una idea que aún planea entre muchas mentes europeas. Sí, que Spanish is different, pero en su picaresca mesetaria, sus personajes garbanceros que imitan a Chiquito de la Calzada y sus manifestaciones culturales pedestres y casposas.

Aunque también hubo quien tuvo una concepción de España un poco más halagüeña, como la del diplomático Louis de Rouvray, duque de Saint-Simon y, en general, los viajeros alemanes, como Baum Gärtner, gracias a que Goethe y otros románticos alemanes manifestaron cierto interés por la literatura española del Siglo de Oro.

En definitiva, un libro para explorar tópicos, para derribarlos, para fortalecerlos y, en cualquier caso, desdramatizar un poco todo ese mejunje cuasi religioso que rodea al nacionalismo de cualquier signo o frontera. Es decir, un poco ponernos todos en nuestros sitio, que es mucho más abajo de lo que creemos, junto a casi todos los demás.

De manera regular, desde el Siglo de Oro en adelante, cada vez que aparece un personaje andaluz en una novela o cuento, parece obligado hacer alguna indicación de su peculiar manera del hablar. Es común utilizar esta forma de hablar en los diálogos humorísticos buscando un efecto cómico. Esta percepción parece ligada al hecho de que, fuera de Andalucía, los hablantes de andaluz solían ser emigrantes, obreros o artistas de variedades, como el flamenco y la copla, unas formas de espectáculo marginales en el pasado. El desprestigio del andaluz aún es objeto de diversas declaraciones políticas polémicas. Tampoco ayuda a la normalización del acento andaluz la diglosia que relega esta forma de hablar al ámbito doméstico y popular, mientras a nivel académico, periodístico y oficial los mismos andaluces tienden a utilizar el castellano estándar, que goza de mayor prestigio social.

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