#23 ‘Futuro perfecto’ de Steven Johnson

Publicado: 4 diciembre 2013 en Libros

El futuro que se nos avecina dista de ser perfecto. Sin embargo, cada vez hay menos muertes violentas, menos accidentes, menos intoxicaciones alimentarias, mayor esperanza de vida, mayores oportunidad de conectar entre nosotros, desafíos tecnológicos menos inalcanzables, más empatía y tolerancia, más igualdad de derechos, democracia más dinámica y participativa, menos olores nauseabundos, comida de mejor calidad, aire más saludable, un incremento sostenido del Coeficiente Intelectual en todos los países donde se han instalado los mass media

Y la lista podría seguir ad calendas graecas. Sí, es cierto que todavía hay mucho que mejorar. También es cierto que la progresión optimista tiene sus altibajos, y también que la crisis financiera mundial ha frenado en parte todos estos avances. Pero si echamos la mirada solo medio siglo atrás, comprobaremos que todo lo anteriormente enumerado ha ido a mejor.

De una forma tan espectacular que sorprende que los medios de comunicación apenas se hayan hecho eco, dando pábulo, por el contrario, a los agoreros que no dejan de repetir que el mundo va a peor y que los valores se están perdiendo (discurso que, por cierto, que se mantenía punto por punto hace 2.000 años, e incluso antes, y que se ha repetido machaconamente absolutamente en todas las generaciones que han venido luego).

Futuro perfecto, de Steven Johnson, ha venido a recordarnos con datos, estadísticas y un enfoque centrado en cómo Internet está convirtiendo a los individuos en una red o un superorganismo más inteligente y armónico que, en definitiva, las cosas van a mejor, y que el futuro, si bien dista de ser perfecto, al menos se está acercando, pasito a pasito, hacia la perfección.

Los argumentos que esgrime Johnson son difícilmente cuestionables, y además están refrendados por otros tantos expertos en áreas tan disímiles como las neurociencias, la psicología cognitiva, la biotecnología o la filosofía. Si acaso, a Johnson sólo se le puede objetar su osadía, que en ocasiones roza lo inverosímil, siguiendo la estela de otros divulgadores que compiten entre sí en epatar al lector: Matt Ridley, Nassim Taleb, Clay Shirky o Chris Anderson son algunos ejemplos.

Es decir, que Johnson pretende de una forma tan insistente el llamar la atención, en que el lector arqueé las cejas por la sorpresa, musitando un “cómo no se me había ocurrido antes algo así”, que más que un divulgador, en ocasiones semeja un trapecista condenado al perpetuo salto mortal sin derecho a tocar el suelo. Ello, en consecuencia, arrastra lastres, como que en ocasiones prima la espectacularidad por encima del rigor. Pero también produce efectos positivos, o al menos dignos de admirar: que se puede llegar más lejos que nadie, y suscitar reflexiones que acaso alumbren ideas que, de otro modo, habrían tardado décadas o siglos en llegar.

La mayoría de los tópicos sobre el apocalipsis que se cierne sobre el planeta nacen, principalmente, del miedo al cambio, de la falta de perspectiva y la carencia de lecturas en antropología. Johnson, además, incluye el nacimiento de Internet como la tecnología definitiva, la que finalmente propulsará a la humanidad más allá de su individualidad. Veremos si es así o no. Sea como fuere, las páginas de Johnson están llenas de ideas interesantes, y de curiosidades que probablemente no conoceréis.

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