#40 ‘Todo lo que sé lo aprendí de la tele’ de Mark Rowlands

Publicado: 10 diciembre 2013 en Libros

Decía Dunbar, el piloto de Trampa 22, de Joseph Heller, que si el tiempo vuela cuando uno se divierte, la mejor forma de ralentizar el paso del tiempo es haciendo que la vida sea lo más aburrida posible. Estoy de acuerdo, pero podemos darle la vuelta al argumento.

Dado que vivir aburrido es horrible, vivir una vida muy dilatada es una tortura. Así que prefiero sentir que la vida es corta pero intensa, llena de diversión. O dicho de otro modo: si para vivir más tengo que mirar una pared, prefiero vivir poco y contemplar la pantalla de una televisión.

Todos los que hemos vivido durante el siglo XX tenemos una cultura esencialmente catódica. Eso es así. Pero eso no es necesariamente malo. Por supuesto, si todos tuviéramos una cultura basada en los mejores pensadores del siglo, las cosas irían de otra manera. Pero el hecho de que nuestro cerebro se haya llenado de películas, series y magacines, si bien no es el mejor de los mundos posibles, sí que es un escenario infinitamente mejor que el anterior: un mundo sin televisión.

La cultura de masas, proporcionada esencialmente por la televisión, incrementa la inteligencia general de la gente (al menos determinadas parcelas de la inteligencia), lo cual explica que la televisión, sobre todo la ficción televisiva, cada vez sea más compleja y densa. Canción triste de Hill Street, por ejemplo, fue una serie de televisión que se hizo célebre en un principio por lo complejo de su trama, porque mantenía diversas líneas narrativas, y eso suponía un reto para el telespectador. Hoy en día, Los Soprano es cien veces más compleja y Canción triste de Hill Street se nos antojaría sencilla.

Además, la complejidad narrativa de las series permite, como demuestra Mark Rowlands, que se pueden llevar a cabo profundas reflexiones sobre la condición humana analizando algunos capítulos televisivos. Que es lo que propone en este divertimento no exento de seso titulado Todo lo que sé lo aprendí de la tele. Sí, la unión de filosofía y televisión es posible.

¿Cómo definiría en qué consiste eso del buen vivir? Homer Simpson y familia no son capaces de ponerse de acuerdo con la forma de vida propuesta por Nietzsche y Epicuro, por mencionar dos formas de pensar totalmente opuestas. ¿Qué significa asumir responsabilidades? Buffy pone en un compromiso a David Hume y a Jean-Paul Sartre. ¿Dónde acaba el amor y empieza la amistad? Platón, Aristóteles y Schopenhauer tratan de que Rachel y Ross, garcias a Friends, sean mejores amantes. Y así con todo.

Sin duda, un libro necesario para reivindicar que la caja tonta, realmente, no es tan tonta como parece.

Editorial Edaf
Colección EDAF Ensayo
Páginas: 312
ISBN: 978-84-414-2014-4

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